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Los eufemismos se mofan del Estado de Bienestar

By 6 junio, 2013 No Comments

[citation]”En España luchábamos por superar el modelo mediterráneo que cargaba a la familia y con ello a las mujeres con el cuidado a las personas en situación de dependencia y a la crianza de los niños y niñas”[/citation]

En cuanto al Estado de Bienestar Social, tal y como lo hemos concebido desde los modelos europeos según Sapir, los españoles aspirábamos al anhelado modelo nórdico, en los que pagar impuestos sale bien a la ciudadanía. No obstante en España luchábamos por superar el modelo mediterráneo que cargaba a la familia y con ello a las mujeres con el cuidado a las personas en situación de dependencia y a la crianza de los niños y niñas.

Nuestra profesión de trabajo social jugó un papel importante en la transición democrática en España donde se sentaron las primeras bases del Estado de Bienestar, con el desarrollo de los cuatro pilares, la sanidad, la educación, los servicios sociales y las pensiones. Contribuimos de manera singular a la creación y desarrollo del sistema de servicios sociales, aunque nuestra presencia es importante en otros ámbitos de la intervención como la sanidad, la educación, etc.
Las trabajadoras sociales creyeron en ese proyecto de ingeniería política para la construcción de los servicios sociales desde la compleja organización administrativa que se plateaba en las décadas de los 70 y 80, promoviendo y desarrollando la primera línea de atención de los servicios sociales en los municipios y con ello velando por la garantía del acceso al sistema desde la proximidad.
En los últimos 35 años se han conseguido grandes logros en cuanto al desarrollo y evolución del Bienestar social, con un sistema de pensiones tanto contributivo como no contributivo que respondía al esfuerzo de la meritocracia por un lado y por otro a la pretensión de la promoción de igualdad. Asimismo se consiguió tener un sistema sanitario universal, uno de los más envidiados del mundo, además de  no ser más costoso que un sistema privado. También el sistema educativo ha procurado la igualdad de oportunidades para una gran parte de la población española.
[citation]”En este peculiar contexto, en España hemos empezado a observar con estupefacción algo que no creímos nunca que ocurriría, las políticas sociales tienen punto de retorno”[/citation]

Sin embargo el sistema de  servicios sociales, a pesar de ser los que estaban en una situación de necesidad de mejora y perfeccionamiento que los otros, habían iniciado el camino a la universalización a través del reconocimiento del derecho subjetivo a la atención a la dependencia y el reconocimiento de algunos derechos subjetivos en algunas de las leyes autonómicas de servicios sociales.

La globalización como fenómeno de mundialización, se ha producido y desarrollado fundamentalmente en el ámbito económico, provocando un impacto negativo  en el desarrollo humano y social .En el nuevo orden mundial se sitúa a los intereses del mercado por encima de los intereses de las personas. Los intereses del mercado invaden y dominan otras esferas culturales, sociales, políticas… provocando de manera indirecta un cambio de valores que no tienen nada que ver con la solidaridad , la igualdad y la justicia social , sino más bien con la codicia y el desprecio por la dignidad humana.
La crisis económica está siendo utilizada como instrumento para un cambio de modelo de concepción del bienestar a otro en el que priman las políticas restrictivas monetarias con altos tipos de interés y control de la inflación, las políticas restrictivas fiscales con incremento de impuestos sobre el consumo y reducción de impuestos a las grandes fortunas y la privatización del sector público, difundiendo un falso discurso de poca eficiencia en el mismo. Por otro lado nuestro contexto social está más castigado que nunca por el desempleo y la burbuja inmobiliaria.
En este peculiar contexto, en España hemos empezado a observar con estupefacción algo que no creímos nunca que ocurriría, las políticas sociales tienen punto de retorno. Así hemos comprobado como la sanidad pierde su carácter universal, la educación se deteriora con especial hincapié en el ámbito público, las pensiones se frenan y los servicios sociales se desmantelan.
Bajo el marco lingüístico de la imposibilidad de mantener el gasto público a la ciudadanía se les hace re-pagar por todos los servicios que garantizaban la protección social, medicamentos, libros, matriculas, tasas, copago… mientras se nacionaliza y rescata a los bancos, a las familias se las desahucia.
Surgen nuevos movimientos sociales. Ante  los recortes, los cambios de normativas, el desempleo, la pobreza y otras dificultades sociales, estos incipientes movimientos claman justicia social, participación democrática y dan muestras de una solidaridad inédita como respuesta colectiva a la incertidumbre y el miedo.
La población pobre y en riesgo de pobreza aumenta exponencialmente  con el riesgo de exclusión social y a la marginación que eso conlleva, a nadie le gusta que se le etiquete, pero independientemente de cómo  lo denominemos, somos muchos y muchas los españoles en riesgo de exclusión social ante la pérdida del empleo y el pago de la vivienda y por ser muchos no quiere decir que eso sea normal. No podemos mostrar tolerancia ante la falta de dignidad de las personas.
[citation]”Los eufemismos se mofan del Estado del Bienestar y cuando escuchamos que un proyecto de Ley contiene la palabra “redimensionamiento y sostenibilidad” nos podemos echar a temblar ante el resultado posterior de desorganización, desmantelamiento o exterminio”[/citation]

Con la aplicación de los recortes se ha renunciado a la prevención, la promoción y la sensibilización  nos gobierna el cortoplacismo, se destruye lo construido durante décadas con recortes indiscriminados en las políticas sociales y las reformas en la normativa, todo lo destruido será muy difícil de reconstruir. La no-prevención o la carencia de intervención social en las situaciones de riesgo generaran un coste mucho más elevado a medio y largo plazo. Por otro lado, no se piensa en la creación de empleo, la riqueza, los retornos fiscales que producen los servicios sociales, son una inversión social y no un gasto. Así lo demuestran muchos estudios de impacto de políticas sociales.

Los eufemismos se mofan del Estado del Bienestar y cuando escuchamos que un proyecto de Ley contiene la palabra “redimensionamiento y sostenibilidad” nos podemos echar a temblar ante el resultado posterior de desorganización, desmantelamiento o exterminio. Así se nos plantea la nueva reforma de la administración local en cuanto a servicios sociales municipales se refiere, una reforma planteada en un contexto de cumplimiento de déficit para las administraciones local y autonómica, en la que se les invita a la bronca competencial mientras que la Administración General del Estado se queda fuera de juego. Existe el riesgo de que un efecto secundario de la aplicación de esa Ley sea la desaparición de muchos servicios sociales municipales y gestión indirecta de otros muchos que hasta ahora eran de gestión pública. Por otro lado, es importante destacar la instrumentalizada desactivación de la Ley de dependencia bajo otro eufemismo de garantía.
En una situación de emergencia social como la que vivimos, es importante poner en marcha servicios para atender a las personas, mantener los que existen y también pensar de manera estratégica en el futuro y en la sostenibilidad. Por ello es necesario  pensar en el interés general y los valores sociales y favorecer la participación democrática de la ciudadanía, la distribución de la riqueza y la garantía de los derechos humanos y la justicia social a través de un modelo de Estado de Bienestar social del siglo XXI que ponga a las personas en el centro de atención. Si algo no funciona ¿Por qué no lo cambiamos? Ya que  se ha demostrado que las medidas que propone la Troika hasta ahora solamente han conseguido altas cuotas de sufrimiento en la sociedad española.